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jueves, 27 de octubre de 2011

LOS MORDISCOS EN LA ESCUELA INFANTIL

A  partir de los 12-20 meses, se dan las primeras interacciones sociales entre los pequeños y empiezan a conocer su entorno a través de la experimentación, el movimiento y el juego. Pero, los pequeños todavía no saben relacionarse y surgen los primeros conflictos, como arañazos, mordiscos,…

¿PORQUÉ MUERDEN LOS NIÑOS?

o    Por exceso de emoción, alegría o cariño:
A los pequeños les encanta tocarse, darse besos,… pero, algunas veces no son capaces de canalizar estas emociones, se ponen nerviosos y, ¡mordisco al canto!
o    Por ausencia del lenguaje oral:
Los niños de estas edades aún no saben hablar y no pueden utilizar la palabra para resolver sus conflictos. Su agresividad es, simplemente, una manera de decir qué quieren.
o    Por problemas con la dentición:
Cuando les salen los dientes, los pequeños están muy molestos; por lo que sienten alivio cuando muerden, lo malo, es cuando muerden el brazo de un compañero.
o    Por costumbre:
Cuando tienen siete u ocho meses nos hacen mucha gracia algunas actitudes, como que nos tiren del pelo, o en este caso un pequeño mordisco. Debemos moldear estas actitudes, ya que el niño no entiende porque al principio se le refuerza (porque nos hace mucha gracia) y cuando tiene más edad se le regaña.
o    Por pensamiento egocéntrico:
Los pequeños no tienen la capacidad de ponerse en la piel de otros. Si quieren una cosa, la quieren en el momento y no comprenden que otro niño también la quiera.
“Lo quiero y te lo quito y, si te resistes, te muerdo”.
o    Por no saber compartir:
Los niños no son egoístas, aún no saben compartir. Debemos enseñarles.
o    Por sobreprotección:
A estas edades están acostumbrados a tener todo lo que quieren y cuando quieren, y en la escuela resulta difícil; comienzan a escuchar el “no” y es complicado de entender.

¿CÓMO ACTUAMOS EN LA ESCUELA?


 Ante cualquier suceso de este tipo (mordisco, pelea, arañazo) lo primero que hacemos es atender al niño agredido, calmarle y ofrecerle seguridad.
     
      Hacemos entender al que ha provocado el altercado que lo que ha hecho no está bien, que actuando así hace daño a su compañero y no debe repetirlo.


      Sentamos al niño en el rincón de pensar, para que se relaje y cuando vuelva al grupo, pueda seguir con la actividad normal.


     Siempre que ocurre un episodio de este tipo actuamos de la misma manera, para que  normas y límites queden interiorizados, permitiendo progresivamente el desarrollo de habilidades sociales alternativas a la agresión para resolver conflictos.


      Reforzamos siempre modelos de conducta correctos (muestras de cariño, compartir,…).


     Para proteger al niño y evitar etiquetas (los niños no son malos, las que son malas son sus acciones) no diremos el nombre del niño que ha mordido.


      Son cosas de niños, que no deben dañar las relaciones entre familias.

¿ CÓMO DEBEMOS ACTUAR EN CASA?


   Si en casa surgen estos pequeños accidentes deberemos actuar de una forma similar a la escuela:



  • Socorrer a la persona afectada.




  • Retirar al niño del juego.




  • Hacerle entender que la acción está mal.

    Tenemos que tener en cuenta, que la acción ha de ser inmediata: son muy pequeños, y aún no comprenden esa relación entre su conducta y la riña del adulto, y mucho menos si la conducta ocurrió hace algunos minutos.


       SIEMPRE que ocurren estos episodios deberemos actuar del mismo modo.


      No debemos hacer grandes dramas, sin mantener nuestro enfado durante más tiempo del que dura ese instante en el que apartamos al niño del juego. Para evitar que el exceso de atención a esos momentos puede provocar que el niño muerda para llamar nuestra atención y desencadenar un enfado.


    Ofrecer al niño modelos correctos de interacción: reforzarlo cuando bese a un amigo o un muñeco, cuando lo acaricie,… tan importante es extinguir las conductas incorrectas como enseñar las adecuadas.


    Evitaremos los juegos de “lucha”, los mordisquitos cariñosos; los niños aún no saben controlarlos y piensan que son un juego.


     Hay niños que tienen mucha energía y para ello les ofreceremos actividades que les ayude a descargarla (natación, carreras,…) y actividades de relajación.


     No reaccionar con conductas agresivas.


              ¡¡¡¡¡ PACIENCIA PAPÁS!!!!! El trabajo conjunto de familia y escuela se verá recompensado.

EL CONTROL DE ESFÍNTERES

1. ¿En qué consiste el Control de Esfínteres?

         Tres son los factores centrales que influyen en que un niño/a controle adecuadamente sus esfínteres, vesical y anal:

a)                La maduración neurológica y fisiológica.

b)                El proceso de aprendizaje (mostrarle qué es el orinal, las nuevas rutinas, en qué consiste, qué siente, por qué merece la pena…).

c)                El ambiente familiar y escolar (si hay tensión/preocupación respecto a este tema o si le damos espacio para interiorizar este hábito y familiarizarse con él, la forma de llevar los éxitos y fracasos, etc.).


2. El “Entrenamiento”

         Alrededor de los 20-22 meses, aproximadamente, podemos empezar a sentarle en el orinal. Es en esta edad cuando sabemos que el niño cumple determinadas condiciones como son:

                   - Que domina algunos movimientos de su propio cuerpo (agacharse, levantarse, mantener el equilibrio en estas posiciones…).

                   - Que hay un mayor espaciamiento de las deposiciones en el tiempo (1 ó 2 al día).

                   - Que comprende el lenguaje relacionado con el tema (que entienda qué le estamos proponiendo y por qué).

Debemos llevar a cabo este entrenamiento tanto en la escuela como en casa. Le sentaremos (ofreceremos) el orinal durante unos minutos (3 ó 4 min.) y siempre a la misma hora (antes del baño, por ejemplo). En la escuela, lo hacemos en la hora del cambio de la mañana  y después de la siesta.

         Algunas recomendaciones, para este momento de sentarle, puede ser:

·      Ofrecerle el orinal (nunca obligarle a que se siente), a la misma hora y todos los días. No debemos preocuparnos si no se quiere sentar o si se levanta muy deprisa; seguiremos ofreciéndoselo a diario.

·      Alabarle cuando hace “pis” o “caca”. Podemos dibujarle una carita en la mano y/o en un calendario grande de casa, comentar los éxitos con otras personas, etc. No es necesario que utilicemos siempre objetos materiales como premio.

·      Tranquilizarle cuando no hace pis/caca, expresándole: “Mañana saldrá”.

·      Colocar el orinal en un lugar donde está seguro y dentro del cuarto de baño. Puede que algunos niños prefieran sentarse en el WC, podemos respetar eses deseo, colocándole un reductor y una banquetita para que llegue a sentarse en la taza, pero asegurándonos de que se siente cómodo.

·      Cuando defeque y le estemos cambiando, hay que procurar no poner malas caras porque huela mucho, ni expresar nuestro desagrado. Es mejor decirle “es caca, huele…” (no todo lo sucio es “caca”, como por ejemplo, las cosas sucias de la calle, lo que no debe tocar, etc. no son “caca”).

·      Entrenarle a saber detectar lo que se siente en estado de plenitud vesical: “dolor de barriguita, está dura…”, así como la sensación que se produce después de orinar “ya no te duele, está flojita, nos quedamos más a gustito…”.

·      Potenciar habilidades de autonomía a todos los niveles.

3. ¿Cuándo quitar el pañal?

         Quitamos el pañal cuando observamos que el niño/a está preparado, es decir cuando vemos que los tres aspectos mencionados al principio han alcanzado un adecuado desarrollo. ¿Cómo sabemos esto, cómo lo medimos? Observando que:

                   - Haga “pis” todos los días en el orinal, durante dos semanas, y que coincida con que tiene el pañal seco (retiene orina).

                   - Manifieste con palabras (a veces gestos) que quiere hacer “pis/caca”, y que coincida con que, al sentarse, realmente lo hace (micción voluntaria).

                   - Exprese la incomodidad del pañal; que muestre su deseo de “ser mayor”.


4. ¿Qué hacer una vez que hayamos quitado el pañal?

·      Ponerle en el orinal cada hora y media aproximadamente (durante unos cinco minutos no más). No preguntarle, sólo llevarlo, exponiéndole que “vamos a hacer pis”. Si se resiste no se le obliga.

·      Reforzar las conductas de control y autonomía (seguimos alabando, premiando).

·      Seguir entrenando a saber detectar lo que se siente en estado de plenitud vesical “dolor de barriguita, está dura…” y la sensación que se produce después de orinar “ya no te duele, está flojita…”.

·      Si le vemos hacer gestos de apremio no decirle ¡Vete corriendo!, ya que sentir la necesidad de evacuar le ayudará a controlar, así como nuestra tranquilidad.

·      Cuando el control esté más afianzado, los niños que se sentaban en orinal, pueden intentar sentarse en la taza del WC. Procuremos que esté seguro y nunca tirar de la cadena mientras permanezca sentado; dejar que tire él.

·      Durante el período de siesta no se le retirará el pañal, hasta que observemos, durante una temporada, que permanece seco cuando despierta. Igualmente haremos con el pañal de la noche. Hay una diferencia de unos 6 meses aproximadamente entre el control diurno y nocturno.


En los momentos de “retroceso”, es decir, cuando se produzcan escapes involuntarios, se evitarán los castigos y las ridiculizaciones, pues no van a ayudar a que dejen de ocurrir sino, más bien, le ocasionaran ansiedad y sentimientos de baja autoestima que pueden perpetuar los fracasos.